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Sociedad

Las Muchas Historias de Carlos Fernando Chamorro

Tina Rosenberg, The New York Times

El pasado 20 de marzo la revista dominical del influyente The New York Times publicó este artículo sobre Nicaragua. Aquí lo traducimos con la amable autorización de Tina Rosenberg y el NYT Syndicate.

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Los rótulos de Managua anuncian el 2009 como “El 30 Aniversario de la Revolución”. Los árboles de navidad en las rotondas ostentan un “30” en la cúspide, ahí donde normalmente estaría un ángel, y los spots de televisión que invitan a los nicas a celebrar el “Año 30” están por todos lados. El Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) gobierna el país una vez más después de 16 años fuera del poder, y Daniel Ortega, uno de los originales nueve comandantes de la revolución de 1979, es otra vez presidente y aún hace discursos en los que denuncia al imperialismo yankee.

 

Pero esto no es una revolución. La retórica y los lemas se emplean al servicio de algo bastante diferente. Sean los que sean los ideales que Ortega profesó alguna vez, ahora él sólo se representa a sí mismo. Fue elegido presidente de Nicaragua por primera vez en 1984, y después de perder el poder en 1990, recuperó la presidencia en el 2006, pero esta vez no como un marxista-leninista. Ni siquiera como un izquierdista. Su gobierno ahora abraza cálidamente a la empresa privada y a la iglesia católica. Y aunque ganó la presidencia con sólo el 38% del voto popular, ha abusado de los poderes a su cargo para alcanzar un dominio casi total de Nicaragua. Por ejemplo: en enero, la Corte Suprema de Justicia, que Ortega controla, revocó la condena por corrupción del ex presidente Arnoldo Alemán, la fuerza dominante del partido de derecha de Nicaragua. El mismo día, el partido de Alemán le dio al FSLN los votos que necesitaba para controlar la Asamblea Nacional.

 

A finales del año pasado, la Unión Europea y los Estados Unidos anunciaron la interrupción de la ayuda a Nicaragua, por evidencias creíbles de que el FSLN se habría robado las elecciones municipales de noviembre. Además, Ortega está tratando de enmendar la Constitución para eliminar las restricciones a su cargo y volver a correr en el 2011. Se ha convertido en un caudillo latino a la vieja usanza. Su ideología ya no es el Marxismo, sino simplemente el Danielismo.

 

Una cosa, sin embargo, se mantiene constante en la vida nicaragüense: por más de 50 años, la principal voz por la democracia en el país ha sido la de un miembro de la familia Chamorro. Antes de la revolución, durante los 33 años de dictadura de la familia Somoza, Pedro Joaquín Chamorro, editor de La Prensa, el único periódico independiente en el país, fue el principal opositor de los Somozas. Su periódico fue cerrado varias veces y atravesó largos períodos de censura. Su asesinato el 10 de enero de 1978 – por agentes aún desconocidos - convenció a muchos, incluso a miembros de la oligarquía nicaragüense, a dar su apoyo de la revolución sandinista. Después de la muerte de Chamorro, su esposa, Violeta, continuó su misión, primero como directora de La Prensa durante la era sandinista y después como política, derrotando a Ortega en 1990 para convertirse en presidenta del país. Hoy, el legado de la familia ha caído en el más joven de sus hijos.

 

 

Si usted es un es un periodista independiente en un país donde el periodismo independiente es visto como una amenaza para los poderosos, a veces se cruza una línea en la que se pasa de reportar noticias a ser la noticia. Eso es lo que le está pasando a Carlos Fernando Chamorro.

 

Es un lunes caliente y seco de enero y Chamorro maneja hasta los estudios de Canal 8 para grabar el episodio diario de “Esta Noche”, un programa de media hora transmitido de lunes a viernes a las 10:00 pm. “El dueño dice que este es el Rolls Royce de la televisión nicaraguense”, dice sonriendo cuando entramos en un estudio que mas bien recuerda a un Plymouth chopeado de 1983. Se trata de un único cuarto, en el que tres cámaras rodean tres sets de sillas y mesas. Chamorro se sienta en una de ellas y una joven espolvorea su frente.

 

Chamorro también dirige una revista impresa semanal, “Confidencial”, y el programa “Esta Semana”, un magazine televisivo al estilo de “60 Minutos” que se presenta todos los domingos en la noche. “Esta Semana” genera regularmente controversia con sus investigaciones sobre corrupción y favoritismo, y análisis sobre temas como el fraude electoral o los problemas de los inmigrantes nicas en Costa Rica. Hace esto con un presupuesto total de $23,000 al mes, incluyendo salarios.

 

Chamorro tiene 53 años. Él y su esposa, Desirée Elizondo, tienen tres hijos y un nieto. Ha sido calvo desde joven, usa anteojos y prótesis auditivas, y su uniforme diario es camisa manga larga y pantalones kakis. Viste con implacable sencillez. Frente y fuera de cámara se proyecta serio pero cálido, con energía juvenil.

 

En este episodio de “Esta Noche”, Chamorro habla sobre la libertad de expresión con visitantes de la Sociedad Inetramericana de Prensa: Enrique Sanos, editor de El Tiempo en Colombia, y Robert Rivard, editor del San Antonio Express News. Hablan sobre como los carteles de la droga silencian o matan a los periodistas en México, y la negativa de Hugo Chávez a a renovar la licencia de transmisión de una estación televisiva opositora. Pero, principalmente, discuten la escalada de ataques a la prensa nicaragüense, un país que el Comité para la Protección de los Periodistas identifica como un territorio emblemático en lo que el uso de agencias gubernamentales para el silenciamiento del periodismo crítico se refiere. Santos y Rivard destacan que el gobierno nicaragüense recientemente ha liberado a dos presidiarios condenados por asesinar periodistas y presionado a dos estaciones de televisión para sacar del aire un programa dirigido por un feroz crítico del gobierno. También discuten otros casos de intimidación que habían escuchado de los nicaragüenses que han entrevistado – entre ellos el mismísimo Chamorro, con quien habían hablado esa mañana. Ahora él los entrevista a ellos.

 

Al día siguiente en “Esta Noche”, otro grupo de invitados continúa la discusión. El tema de la noche es el reciente ataque gubernamental a CINCO, el Centro de Investigaciones de la Comunicación, una pequeña organización de investigación social y periodismo dirigida por el mismo Chamorro. En octubre pasado, un equipo de fiscales, acuerpados por 40 oficiales de policía, allanaron las oficinas de CINCO y durante las siguientes 13 horas requisaron documentos, computadoras y libros contables. Anunciaron que buscaban evidencias de fraude y lavado de dinero en contra de CINCO y sus líderes, Chamorro y Sofía Montenegro. (La base para estas acusaciones, absurdamente, era el trabajo de CINCO con un grupo feminista que carecía de personería jurídica.) Montenegro, colega de Chamorro por 30 años, es periodista y la más elocuente feminista nicaragüense. En el show de esa noche, ella y otros dos invitados hablan sobre una atípica victoria – los cargos acaban de ser retirados, y en ese mismo día, los fiscales empezaron a devolver el contenido de la oficina de CINCO. Pero el gobierno sigue amenazando públicamente a CINCO por otros medios.

 

Es una semana inusual. Normalmente, los shows de Chamorro no son sobre su propia causa. Al menos en la superficie, hay algo incongruente en el discutir represión de la prensa en un programa de televisión nacional de gran audiencia. Después de todo, en algunos países, los programas de TV - o sus periodistas - simplemente se desvanecen cuando empiezan a ofender a los poderosos. Pero el juego de intimidación que Ortega juega con Chamorro es más sutil que las crudas agresiones de la familia de Somoza en contra de su padre. Nicaragua, a pesar de sus recientes guerras, es uno de los países mas seguros de América latina, y los asesinatos no son comunes. El gobierno de Ortega, además de no tener la mayoría del apoyo, depende fuertemente de donaciones internacionales – no solo de Chávez, la "Unión Soviética personal" de Ortega, sino también de gobiernos que se preocupan por las libertades democráticas. Así que debe andar con cuidado.

 

Al mismo tiempo, Ortega y su esposa, Rosario Murillo, continúan ejecutando vendettas personales y silenciando críticos recurriendo a los mecanismos no violentos del estado: cortes y fiscales serviles; grandes presupuestos para publicidad impresa y televisiva que pueden desaparecer de un día a otro si el gobierno no esta complacido; control de precios, licencias de transmisión y permisos legales.

 

En juego esta algo más que la libertad de prensa. Nicaragua es un país donde los poderes del estado que están supuestos a limitar el poder del presidente – cortes, fiscalía, el parlamento y agencias supuestamente imparciales como el consejo electoral – están controlados por el presidente. La función de vigilancia al gobierno ha recaído en los periodistas y miembros de la sociedad civil. Chamorro es un símbolo de ambos. Con todas las herramientas a su disposición, se resiste ser acallado: su tiempo al aire, su nombre famoso, su credibilidad y su reputación de imparcialidad (después del golpe a CINCO, escritores de todo el mundo, incluyendo íconos de la izquierda como Eduardo Galeano de Uruguay y Ariel Dorfman de Chile, firmaron una carta pública apoyándolo). Si él pierde su pelea, la defensa de las libertades democráticas quedará en manos de personas con un arsenal aún mas limitado.

 

Chamorro es un blanco particularmente llamativo por razones que van mas allá de los valores que representa hoy día. Ortega y Murillo reservan especial furia para sus antiguos aliados y amigos. Y durante el tiempo de los comandantes en el poder, el editor del diario Barricada, voz oficial de los sandinistas, era el comprometido revolucionario Carlos Fernando Chamorro.

 

Pedro Joaquín y Violeta Chamorro criaron a sus cuatro hijos “desayunando, almorzando y cenando hablando de noticias”, me dijo recientemente Cristiana, una de las dos hermanas de Carlos. “El periodismo no se nos impuso; mi padre dejó que nosotros decidiéramos. Pero de alguna manera estaba en nuestra sangre.”

 

Carlos no quería dedicarse al periodismo. “Yo admiraba a mi padre, y él era la persona más importante en mi vida, pero no quería vivir en su sombra,” dice. Después de graduarse de secundaria, Carlos dejó Nicaragua para estudiar economía en la Universidad de McGill en Montreal. En 1977, regresó a Nicaragua con la intensión de estudiar una maestría y ayudarle a los pobres del país. Pero para un joven preocupado por la justicia social, había una ruta más directa para el cambio: unirse a las guerrillas armadas del FSLN, que prometían una vida digna para el hombre común – zapatos en sus pies, y frijoles en su mesa. En secreto, Carlos hizo entrenamiento en armas ligeras, estudio marxismo-leninismo y trabajó en el departamento de propaganda del FSLN.

 

Cuando su padre fue asesinado en 1978, sin embargo, Carlos abrazó al periodismo. “Mi mundo cambió cuando mi padre fue asesinado,” dice. “No tenía tiempo para dolor personal. Ese era el momento para dedicarme a liberarnos de Somoza. O te montabas en el tren, o te dejaba atrás.” Para él, eso significó ir a donde podía hacer más por acelerar la caída de Somoza: La Prensa, el periódico de su padre. Se convirtió en reportero, editorialista y columnista.

 

El 19 de julio de 1979, Managua cayó ante los sandinistas. Creyentes en las declaraciones sandinistas de que habría lugar en la revolución para todos, Violeta, la viuda de Pedro Joaquín Chamorro, accedió a integrar la Junta de Gobierno. Se quedó nueve meses, hasta desencantarse e irse. Al lado de sus hijos Pedro Joaquín y Cristiana, quienes también se desilusionaron temprano, manejó La Prensa de regreso hacia su postura acostumbrada, firmemente en oposición al gobierno. Pedro Joaquín, de hecho, abandonaría Nicaragua en 1984 para unirse a la oposición armada, los contras – que fueron entrenados, financiados y esencialmente administrados por la administración Reagan.

 

La mayor parte del staff de La Prensa, sin embargo, no compartía la visión de Doña Violeta, lo que creó una división en la sala de redacción. Xavier Chamorro, su cuñado, quien era un editor de La Prensa, vendió sus acciones, tomó el dinero y se llevó a la mayoría del personal para fundar un periódico pro-sandinista, El Nuevo Diario. Y los otros dos hijos de Doña Violeta tomaron partido con el gobierno – Claudia, la hermana de Carlos, que se convirtió en Embajadora en Costa Rica, y el mismo Carlos, quien se convirtió en Editor en Jefe de Barricada.

 

Ahora cada periódico de Nicaragua era manejado por un Chamorro.

 

Salman Rushdie, en su crónica de viaje por Nicaragua “La Sonrisa del Jaguar”, editada en 1987, dijo que Barricada era el periódico más aburrido que jamás hubiera visto. Claramente no había leído Pravda o Granma, el órgano del Partido Comunista de Cuba. Yo viví en Nicaragua a mediados de los 80s y era lectora habitual de Barricada. El periódico era menos mortificantemente sumiso al partido que Granma. La Nicaragua Sanidnista era en aquel entonces una improvisación sobre la marcha según los estados socialistas, y Barricada era un vocero mucho más relajado. Tenía un caricaturísta político de calibre mundial (que incluso se burlaba del propio entusiasmo de Barricada a la hora de forzar las noticias) e incluía vívidos, aunque unilaterales, reportajes de guerra. Tenía algunas piezas bellamente escritas, algunas por Chamorro y Montenegro, y una sección de deportes decente, en la cual, a causa de la obsesión de Nicaragua con el baseball, podía leerse ocasionalmente el sorprendente titular “Yankees Victoriosos!”.

 

Lo que Barricada no tenía eran noticias. Cubría una realidad alternativa. Día tras día, en las páginas de Barricada, el heroico pueblo de Nicaragua y su vanguardia revolucionaria celebraban victoria tras victoria en la lucha anti-imperialista. En menos grado, la misma misión editorial – servir a una causa – era compartida por el tío pro-sandinista de Carlos, Xavier, en el Nuevo Diario y su madre, hermano y hermana anti-sandinistas en La Prensa. Barricada, al menos, no pretendía ser independiente. Su lema era “Órgano Oficial del Frente Sandinista”.

 

Dentro del FSLN, Chamorro tuvo sus batallas. Tenía que responder a las estrecheces de una comisaría política y a la influencia de nueve comandantes, cada uno tratando de poner en primera página sus propias actividades. Cuando me reuní con él a inicios de este año, le pregunté a Chamorro por un ejemplo de conflicto con el FSLN. Me dijo que en el día del atentado contra el Papa Juan Pablo II, los personeros del FSLN insistieron, en contra de su propia opinión, que el periódico pusiera a ocho columnas el reporte de una reunión entre los ejércitos sandinista y hondureño.

 

Pero esta era una disputa sobre ubicación, no censura de un artículo. ¿No hubo pelea alguna sobre publicar un artículo que disgustara al FSLN? pregunté. No hubo, dijo. “La guerra impedía cualquier debate profundo,” explicó. “Teníamos un sentido de lealtad a la revolución, de auto-protección.” A través de los contras, la revolución estaba bajo el ataque de los Estados Unidos, el país mas poderoso del mundo. A Chamorro no se le ocurría contribuir a ese asedio. “Practicábamos la auto-censura,” continuó. “Si descubríamos evidencia de corrupción que pudiera dañar la imagen del gobierno, mi primer instinto era hacer una investigación interna y no publicarlo.”

 

Chamorro no veía contradicción entre la censura y sus ideales. Lo que valoraba como nicaragüense y como sandinista era el cambio social, no las libertades democráticas. “Nicaragua no tenía una cultura democrática,” dijo. “No teníamos respeto por las elecciones, el imperio de la ley. Mi padre nunca votó en su vida – estaba en la cárcel o en el exilio, o no había por quien votar. El concepto de democracia no tenía mucha legitimidad.

 

Poco después de la victoria revolucionaria, el FSLN cerro la pequeña publicación maoista "El Pueblo", bajo cargos de incitar una revuelta laboral. La Prensa fue cerrada por el FSLN por primera vez en 1981, y después varias veces más en el transcurso de los 80s, incluyendo un período de mas de un año que inició en Octubre de 1986. Para 1982, La Prensa y El Nuevo Diario tenía que someter la edición de cada día a un censor, previo a su publicación. Barricada no. (Al mismo tiempo, en el vecino país de El Salvador, no había necesidad de censurar a los periodistas de izquierda, ya que los escuadrones de la muerte se habían encargado del problema.) “Yo racionalizaba la decisión de censurar aún cuando la gente que era victimizada eran colegas y familiares,” me dijo Chamorro. “En los 80s eramos prisioneros de esa era. Para mi era justificable la supresión de la libertad con el fin de preservar el estado que había hecho otras libertades posibles.”

 

Entre sus críticos mas feroces estaban miembros de su propia familia. “El era un cuadro, un cuadro mecanizado,” me dijo Antonio Lacayo, su cuñado, esposo de Cristiana. ”Sus titulares eran consignas”. El hermano de Carlos, Pedro Joaquín, expresó similares sentimientos sobre su época en La Prensa: “Él nunca me llamó cuando las turbas sandinistas atacaron mi casa. Nunca habló en contra de la censura, nunca me llamó para decirme ‘siento lo que está pasando.’” En aquel entonces, Barricada y La Prensa sostenían su propia guerra. La Prensa llamaba a Barricada “BarriKGB”. Barricada llamaba a La Prensa “La PrenCIA”. En privado, Doña Violeta empezó a llamar al periódico de su hijo “Barracuda.”

 

Pero Nicaragua durante esos años estaba tan polarizada que la división en la familia Chamorro no era especialmente inusual. (Las voceras de los ejércitos sandinista y contra, por ejemplo, eran hermanas). Lo inusual sobre los Chamorro, además de su alto perfil, era que se reunían para eventos familiares. “Violeta era atacada por su cuñado y por su hijo, pero en navidad y en el cumpleaños de mi abuela, toda la familia se juntaba,” me dice Francisco, hijo de Xavier, quien ahora es editor de El Nuevo Diario.

 

"¿Como era eso?" le pregunto.

 

El se rie. “No hablamos de política.”

 

Cristiana explica más: “Mi madre nunca hacía distinciones entre sus hijos. – lo que mas le gustaba era vernos a todos en su casa. No se tomaba la política personalmente. Pero cuando el gobierno cerró La Prensa, o cuando habían fuertes ataques gubernamentales contra mi madre o La Prensa, Carlos y Claudia no venían a la casa tan con tanta frecuencia. Pero teníamos una casa en la playa y durante las vacaciones – el volumen siempre bajaba durante las vacaciones - Carlos se aparecía como si nada hubiera pasado".

 

Ahora Doña Violeta esta retirada de la vida pública y no habla de política. Pero en reciente almuerzo en su casa estaba dispuesta a hablarme de su familia. “Cada quien tiene derecho a pensar como quiera,” me dijo. “Una madre no abandona a nadie. Los lazos familiares son lazos familiares.”

 

En 1990, después de seis años como presidente, y a medida que la guerra con la contra se acercaba a su fin, Daniel Ortega corrió para re-elegirse. Los sandinistas esperaban ganar, tal vez arrolladoramente. Pero la avalancha favoreció al candidato de la oposición, momentaneamente unida: Violeta Barrios de Chamorro. “Yo voté por Daniel Ortega,” me dijo Carlos, sonriendo mansamente.

 

En Barricada, el personal estaba en shock ante la derrota de los sandinistas. Para Carlos, el shock era más personal. “Mi madre era presidente,” dijo. “Y yo, aquí en Barricada. ¿Quería estar en la oposición a mi madre?”

 

Pues sí. Resultó que sí quería. Aunque Barricada eventualmente cambió su lema a “Por los Intereses Nacionales,” el periódico era implacable con el gobierno de su madre. Después vino otro shock más placentero: por primera vez, Carlos no tenía que censurarse. “Podemos ser periodistas de verdad, no defensores de un proyecto político,” dice que recuerda haber pensado. “Empezamos a sentirnos liberados.” El giro en Barricada no era solo un imperativo profesional; era necesario para la sobrevivencia. Barricada había perdido sus ingresos por publicidad gubernamental. Ahora tenía que sobrevivir de vendiendo periódicos.

 

Doña Violeta fue una presidenta simbólica; para todos los fines y propósitos, el país era administrado por su Ministro de la Presidencia y yerno, Antonio Lacayo. Pero esta mujer, usualmente vestida de blanco beatífico, frecuentemente fotografiada con los brazos abiertos, ayudó a llevar a su país un grado de tolerancia y libertad que jamás se había visto antes. Los Chamorro empezaron a reunirse en casa de su madre para cenar los domingos. Ella estaba haciendo por Nicaragua lo que estaba haciendo por su familia.

 

Mientras tanto, Barricada evolucionaba y sus lazos con el FSLN se relajaban. Carlos le dijo al Frente que habían nuevas reglas: las decisiones se tomarían con base en criterios periodísticos, no políticos. En 1988 visitó los países escandinavos y por primera vez experimentó – y se impresionó profundamente – por los gobiernos de izquierda democrática. Después de la caída del Muro de Berlín, cuando todos los movimientos izquierdistas de latinoamerica gravitaron en dirección contraria al autoritarismo, sus creencias sobre lo que era mejor para su país cambiaron profundamente. “La conclusión obvia era que para estar realmente en la izquierda, tenías que ser democrático,” dijo. “En los 80s podías decir lo que quisieras a puerta cerrada, pero cuando el partido tomaba una decisión, la seguías. Pero después de que mi madre se convirtió en presidenta, el debate se volvió público. Reconocíamos errores que no habíamos querido admitir antes – la guerra, la burocracia, el distanciamiento de la gente común. Tuvimos que examinar por qué habíamos perdido. No podíamos seguir siendo un periódico oficialista.”

 

Barricada, por ejemplo, hizo un reportaje investigativo en 1993 conectando un buzón de armas descubierto en Managua (incluyendo 19 misiles tierra-aire), con las guerrillas salvadoreñas y el grupo terrorista ETA. La noticia avergonzó profundamente al FSLN, quien había negado por largo tiempo que permitía que grupos ideologicamente afines usaran Nicaragua como base de operaciones. Chamorro también investigó a un grupo terrorista que había compilado una lista de ejecución de prominentes derechistas. Barricada descubrió que el grupo tenía conexiones con el FSLN. Chamorro recibió órdenes de no publicar el artículo, pero lo hizo, y además escribió un editorial crítico al respecto y lo firmó.

 

El ala ortodoxa del FSLN estaba furiosa con la transformación de Barricada. Ortega, quien seguía siendo el líder del partido, quería un periódico que pudiera controlar. En el congreso del partido de 1994, la línea dura purgó a los miembros más democráticos. Poco después, el FSLN tomó el control de Barricada. Chamorro, Montenegro y los principales editores fueron despedidos, y la mayoría del staff periodístico renunció. El periódico volvió a rellenar sus páginas con extensas entrevistas de los comandantes sandinistas. (El mercado habló, y Barricada cerró en 1998. la Prensa y el Nuevo Diario siguen publicándose hoy día).

 

Doña Violeta fue presidente hasta 1997, y fue seguida por dos gobiernos conservadores, hasta llegar a la elección de Ortega. Durante este tiempo, Chamorro se convirtió en un periodista independiente. En junio de 1995, inició “Esta Semana” y CINCO, y en 1996, "Confidencial". El año siguiente recibió una beca para estudiar en Stanford. Él y su familia pasaron un año ahí y un año en la Universidad de California en Berkeley. Ahí impartió clases sobre periodismo en Centroamérica y tomó clases, pero también se educó viendo “60 Minutes” y escuchando NPR (la Radio Pública Nacional de los Estados Unidos). En el 2005, añadió el programa diario “Esta Noche”.

 

Su periodismo era algo nuevo para Nicaragua. Latinoamérica tiene poca tradición de magazines televisivos, aparte de Brazil y Argentina. Y Nicaragua raramente había visto a un periodista que no estuviera atado a un partido político. “El es el mejor standard,” dijo María López Vigil, editora de Envío, la revista mensual de la Universidad Centroamericana de Managua, UCA. “Él es un profesional inteligente y neutral – esas no son virtudes típicas aquí. Normalmente la prensa es partidaria, y se vende a cambio de publicidad. Él es serio, honesto y responsable. Tal vez porque es el hijo de Pedro Joaquín o por sus años en TV, tiene mucho impacto e influencia entre la élite.” Hace una pausa. “Que el gobierno se meta con él, “ dijo, “significa que se pueden meter con cualquiera.”

 

La decisión del gobierno de allanar las oficinas de Chamorro en Octubre parace haber venido desde la cima. Después de tratar de programar entrevistas con más o menos una docena de oficiales sandinistas, se me concedió una con Rafael Solís. Él es magistrado de la Corte Suprema de Justicia y consejero de Ortega. Solís me dijo que la decisión de allanar CINCO fue hecha por la Ministra del Interior del gobierno, Ana Isabel Morales. “Pudo haber venido desde la Presidencia,” admite después. “Que haya tomado la decisión con el presidente o por sí misma como ministra, igual viene de muy alto.” (La oficina de Morales no respondió a solicitudes de comentarios.)

 

No fue una sorpresa. El disgusto del gobierno con Chamorro y Montenegro data de los días de la independencia de Barricada en los 90s; la izquierda autoritaria siempre ha reservado su furia más feroz para la izquierda democrática. Pero habían habido otras provocaciones. Recientemente, por ejemplo, estaba el asunto de Zoilamérica Narváez. Ella es hija de Murillo, la esposa de Ortega, y fue adoptada por Ortega cuando era adolescente. En 1998, a la edad de 30 años, sorprendió a Nicaragua al anunciar que Ortega había abusado sexualmente de ella desde los 11 años, y produjo un documento de 48 páginas lleno de detalles. Murillo inmediatamente la llamó mentirosa. Ortega, quien niega los cargos, inicialmente usó su inmunidad legislativa para evadirlos, y tres años después dejó el asunto en manos de un juez sandinista que desechó el caso argumentando que había caducado. Pero el caso no fue abandonado por grupos feministas latinoamericanos, que organizan protestas donde sea que Ortega viaje, acusándolo de ser un violador.

 

Montenegro, también ha sido clara en su apoyo a Narváez y en su furia sobre la manera en que se manejó el caso. También ha molestado al gobierno por sus ataques contra la reciente criminalización del aborto terapeútico, que hasta el 2006 era legal cuando podía salvar la vida o salud de la madre. Pero durante su campaña, Ortega clamó por su penalización total, una estrategia para neutralizar la oposición de la iglesia católica. Durante meses, la página web de la Presidencia llevó en página de inicio un titular que decía “Una Agente Llamada Montenegro” – un enlace a un artículo de la revista personal de Murillo, que clamaba que Montenegro era una agente de la CIA.

 

Otra historia que despertó el enojo del gobierno fue un reportaje en “Esta Semana”, que en el 2007 grabó a un empresario que había sido chantajeado por $4 millones de dólares para resolver una disputa de tierras con una cooperativa campesina. El intermediario que resolvería el problema legal era un confidente de Ortega. La respuesta inmediata del gobierno fue atacar a los acusadores. El canal de TV oficialista acusó al empresario, sus socios y a Chamorro de tráfico de drogas. La foto de Chamorro aparecía en TV al lado de la de los empresarios al estilo de un cartel de “Se Busca”, con la siguiente lista de acusaciones al lado: roba tierras, estafa a cooperativas, chantaje y falsificación de documentos.

 

Cuando los fiscales anunciaron en enero que no levantarían cargos en el caso CINCO, Chamorro trató de presentar esto como prueba que los ciudadanos pueden enfrentarse al gobierno. Pero probablemente tenía más que ver con su nombre y prominencia, y en cualquier caso, se trató de una victoria parcial. El fiscal que cerró el caso recomendó que el gobierno usara su poder administrativo para investigar “evidencias” de que Chamorro desviaba fondos de CINCO hacia sí mismo y su familia. Chamorro disputa esas acusaciones convincentemente; Oxfam Gran Bretaña, la principal fuente de dinero, dice que tiene plena confianza en él y en CINCO.

 

El gobierno puede estar tratando de usar el caso CINCO para estrechar su control sobre los organismos de la sociedad civil. Funcionarios han hablado de introducir leyes para prohibir que grupos no gubernamentales participen en actividades “políticas” – sería permisible, por ejemplo, alimentar a los pobres, pero no trabajar para cambiar las políticas anti pobreza. Funcionarios de gobierno también discuten instituir un requerimiento de que todas las donaciones extranjeras (que financian virtualmente a todas las organizaciones de Nicaragua) sean aprobadas por la Cancillería. Ortega también puede tratar de retirar el status legal de CINCO, o sacar a Chamorro del aire. Canal 8, que transmite sus dos programas, depende en gran medida de la programación y propaganda estatal, y su licencia de transmisión debe ser renovada pronto.

 

Solís, el juez y consejero de Ortega, argumentó que yo exageraba sobre estos conflictos entre los medios y el gobierno. “Ha habido total libertad de prensa, excepto en algunos casos aislados,” dijo. “Tenemos media docena de canales de TV, una cantidad de periódicos, y ellos publican libremente. Y no hay una política contra la sociedad civil – si fuera de otra manera, ya habríamos comenzado a requisar los libros de unas 4,000 organizaciones. Algunas personas han tratado de usar casos aislados para crear la percepción de una política de persecución. No existe tal política. La situación de estas organizaciones es muy particular. Algunas han confrontado políticas de estado como el aborto. Algunas han hecho ataques personales muy críticos del presidente y la primera dama.” Lo que me sorprende es que Solís considere esto como una defensa.

 

Le pregunté a Chamorro si la intensidad de los ataques en su contra alguna vez lo han llevado a pensar que estaba en peligro físico. “Desde el momento que te vuelves un blanco del gobierno, hay un riesgo,” dijo. “Cuando la gente le preguntaba a mi padre eso, el respondía que sí, que tenía miedo, pero citaba un dicho mexicano que dice : ‘Cada quien es dueño de su propio miedo.’ Esa es la manera en la que hay que tratar de vivir.” Chamorro no tiene guardaespaldas. Ante la insistencia de su esposa, accedió a tener un chofer para su camioneta, pero frecuentemente maneja solo, como hacía su padre.

 

Chamorro tiene la misma edad de su padre en el día de su muerte. El año pasado se cumplieron 30 años desde el asesinato de Pedro Joaquín Chamorro, y en enero, en la tumba de su padre, Carlos leyó de una colección de artículos de su padre y discursos sobre la prensa. “Leo cosas que escribió en 1974 y descubro que son muy actuales hoy día,” me dijo. “Un tema es el peso de la libertad de expresión como base para todas las libertades públicas. La otra dimensión es su pensamiento político: la necesidad de un cambio social profundo, pero con raíces, para que el cambio perdure. Esto es diferente que el sueño revolucionario – donde hay grandes cambios radicales, pero después, ves lo que pasa. Es heroico, pero lo que el país necesita es una revolución gradual pero real, con instituciones democráticas fuertes. En aquel entonces, mi padre hablaba de justicia, responsabilidad del gobierno frente a sus ciudadanos, elecciones limpias, una prohibición a la re-elección. En aquel entonces era Somoza. Ahora es Ortega.”

 

Cada año, la Fundación de Doña Violeta y la Naciones Unidas otorgan el premio Pedro Joaquín Chamorro a la Excelencia Periodística, y cada año, invita a un almuerzo en su casa para los ganadores. Ella vive en una amplia casa de cuatro cuartos, con un patio interior, en un vecindario de clase media, rodeada de una pared, con una bandera de Nicaragua izada en un asta. La reunión de este año comenzó en el estudio de Doña Violeta, un cuarto lleno de pasado. Cerca de la puerta hay un gabinete de puertas de cristal que sirve como altar a su esposo. Contiene los artefactos de su vida y su muerte: una camisa rayada de prisionero; el sweater color marfil, ahora rasgado, que llevaba puesto cuando lo mataron; una carta que llevaba; sus anteojos, aún cubiertos de polvo. A la par del gabinete hay una alfombra enrollada dentro de una bolsa de plástico grueso. Era la alfombra del carro en que lo mataron, aún manchada de sangre. Cuando los hijos se reunen en casa de la madre las noches de domingo, la familia come en esta habitación.

 

Pero el almuerzo de hoy es mas formal: paella de mariscos y de postre sorbete, servidos en el comedor. Todos los hijos de Doña Violeta están en casa, junto con la esposa de Carlos y el esposo de Cristiana. La conversación gira alrededor de los asuntos de hijos y nietos, cuestiones familiares, pero también sobre el pacto Ortega-Alemán, la Asamblea Nacional, el caso de Carlos. Política, en otras palabras – un tema en cual están, por primera vez, unidos.

 

(Traducción Juan carlos Ampié).


Comentarios - 10

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  • 1 | Alcides F. Guzman - 26-01-2010 - 12:53:42h
    CFCH dista mucho de su padre que siempre fue coherente y valiente. En los 80 nunca criticó la censura porque era parte del poder. En la Presidencia de su mamá, tuvo que publicar las cosas contra ella porque esa era la posición del FSLN, en los tiempos de Alemán fue tibio, por eso nunca lo atacó como si lo hizo con la periodista de END, Eloísa Ibarra, a quien después corrieron del diario por venganza de los banqueros Eduardo Montealegre y los propios Chamorro. Con Bolaños CFCH fue oficialista y ahora es opositor.
  • 2 | Julio Perez - 25-01-2010 - 17:05:12h
    Se dice que Carlos Fernando es objetivo, yo creo que si es asi, el hombre es un santo, porque teniendo un cuñado candidato por el MRS, un hermano diputado por los liberales (su abuelo se debe revolcar en la tumba), su mama fue presidenta, su otro cuñado primer ministro de su mama, y aun asi el hombre es apolitico, objetivo, imparcial, creo que es un santo.
  • 3 | lenin espinoza - 28-09-2009 - 21:14:48h
    que tal señor chamorro yo tengo muchos años de seguirle y creo es un buen periodista que en nicaragua son contados con los dedos de lamano el que es profecional, mi esposa tubo la dicha de conocerle en persona en la premiacion como el mejor periodista latino americano en tregado en españa barcelona, saludos y hasta la victoria siempre.
  • 4 | Antonio - 04-09-2009 - 21:16:50h
    Considero que Carlos Fernando chamorro es un excelente periodista con mucho profesionalismo.

    Si Nicaragua pierde ayuda de los donantes internacionales es por la politica brutal, mejor dicho de vestia que implementa el trompudo. el cual manipula a un monton de personas ignorante a sus antojos.

  • 5 | antonio soto tellez - 10-07-2009 - 17:39:40h
    esta bien el reportaje se parece a los novelas de vaqueros, el bueno siempre esel hijo de casa
  • 6 | El Zorro - 15-05-2009 - 13:55:51h
    Luis Manuel está trasnochado, la lucha política en la Nicaragua de hoy no es entre oligarquía y proletarios, entre izquierda y derecha la lucha se circunscribe a los honestos vs los sinverguenzas. y en Nicaragua nadie puede ensuciar el nombre y la imagen de Carlos Fernando Chamorro, porque a pesar de que sus detractores que hoy estan en el poder tienen todo para destruirlo pero no lohacen porque saben que no tienen la autoridad moral para hacerlo.
  • 7 | Juan Queso - 20-04-2009 - 16:14:48h
    Luis Manuel es uno mas en la planilla del gobierno que paga a los vagos que se dedican a encontrar articulos en sitios web donde se habla en contra de los perros rabiosos sandinistas y como roban y saquean a nicaragua y persiguen y matan, y despues dejan sus comentarios pendencieros tratando de hacer quedar mal a los defensores de la democracia y denunciantes de estas acciones. No se por que no solo se dedican a leer los paquines del gobierno donde ellos mismos se echan flores y dejen de poner sus comentarios imbeciles.
  • 8 | el desalmado - 15-04-2009 - 10:39:03h
    Ay Luis Manuel, mas riales recibe MovXNicaragua y tu gobierno antiimperialista no les dice nada ni les mete juicio como a CFCh
  • 9 | sanper - 15-04-2009 - 01:49:27h
    claro, claro, ahora resulta q canal 4 y radio ya son los unicos independientes, jajaja, sorry luis manuel, habemos personas independientes q no le hacemos ni a la derecha ni a la izquierda, ni oligarcas ni comunistas
  • 10 | Luis Manuel - 14-04-2009 - 16:13:55h
    A quien engañan diciendo que C F Chamorro es un periodista independiente?
    Eso es absolutamente falso.
    Este señor no es mas que un agente del imperio yankee, pagado por ellos para perjudicar al pueblo nicaraguense. siempre fue un infiltrado de la familia chamorro y de la oligarquia.
    Acaso no lo habeis visto celebrando cada vez que un supuesto donante le retira la ayuda a los nicas.
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